En México, la Inteligencia Artificial dejó de ser promesa y se volvió disciplina operativa en las empresas, con implementaciones que elevan ventas, recortan costos y agilizan el servicio. El tamaño del mercado lo respalda, la IA en el país proyecta US$65,391 millones hacia 2030, según Grand View Research. El ecosistema emprendedor de IA también se acelera, pues dió un salto del 965% de crecimiento desde 2018 a la fecha, más de 11,000 empleos y >US$500 millones en inversión, de acuerdo con Endeavor. La señal para consejos y comités es inequívoca, hay tracción y capital. Lo que falta es ejecución (talento, datos de calidad y disciplina) para llevar los pilotos a operación y convertir la IA en ventaja competitiva. La pista está marcada: finanzas, retail y manufactura. Ahí es donde la IA deja de ser un experimento y se vuelve operación diaria.
En banca, la adopción salió del laboratorio y se puso al teléfono del cliente. BBVA México redujo tiempos de atención con su asistente digital y Banorte incrementó la resolución de gestiones sencillas desde canales digitales. La lógica es simple: respuestas útiles en segundos, menos filas y un equipo humano enfocado en los casos complejos.
En retail, la IA dejó de ser una promesa de “publicidad inteligente” para convertirse en estanterías llenas y rutas puntuales. Walmart de México y Centroamérica opera centros de distribución más finos, con pedidos que salen cuando deben salir, y OXXO (FEMSA) mejoró la disponibilidad en tienda con reabastecimientos más precisos. Grupo Bimbo elevó la puntería al planear ventas por punto de venta; el resultado es menos merma y campañas que convierten mejor. Cuando la IA entiende la demanda real, el camión llega con lo que sí se va a vender.
En manufactura y materiales, el cambio se nota en la planta y en la entrega. CEMEX promete ventanas de envío más confiables y menos tiempos muertos; Grupo Peñafiel ordenó su planeación para producir lo que se necesita, cuando se necesita; Grupo Bafar aceleró lanzamientos al integrar analítica en producción y distribución. ¿El patrón? Menos improvisación, más consistencia. La IA aquí no es un “robot brillante”, es el capataz invisible que evita errores y mantiene el ritmo.
“La IA en México dejó de ser mera vanidad; ya vive pegada a los sistemas que operan el negocio. Esto no se gana con trucos, se gana con datos confiables, seguridad y equipos que saben ejecutarla en procesos reales”, sostiene Alejandro Zubiria, experto y asesor de negocios, y representante de compañías de TRUST.
El mayor cuello de botella es el talento. México apenas cuenta con un aproximado de 10,900 profesionales con más de dos años de experiencia en IA y analítica, y solo un poco más de 1,100 califican como altamente especializados, según un estudio de EY (junio del 2025); una base demasiado corta para la velocidad de adopción que buscan las empresas. La traducción al negocio es simple: formar dentro de casa, estandarizar herramientas y blindar retención, porque el mercado ya compite por los mismos perfiles.
También pesa la cultura. Tratar a la IA como “proyecto de innovación” la condena a la vitrina. Las organizaciones que sí están capturando valor arrancan con casos de alto impacto y baja fricción, miden pronto y escalan con un modelo repetible. No hace falta rehacer la empresa; hace falta decidir, priorizar y sostener el ritmo.
“La ventaja está en la velocidad para convertir casos en resultados medibles”, agrega Zubiria. “Las compañías que van adelante ya montaron una oficina de IA con objetivos claros, un listado de casos priorizados y estándares de seguridad”.
El reloj corre. Cada trimestre con proyectos en pausa es productividad que se fuga y margen que se entrega. La buena noticia es que el camino ya está trazado y los casos locales existen. Con liderazgo ejecutivo, disciplina de datos y seguridad desde el arranque, México puede traducir su momento de IA en crecimiento tangible. La decisión no es tecnológica. Es de ejecución.
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