Estamos en la era de la Inteligencia Artificial (IA), tecnología que está cada vez más al alcance de todos para obtener respuestas en tiempo real, lo que lleva el ritmo de los negocios, interacciones, conexiones y transacciones a niveles de agilidad nunca vistos.
El motor de la IA son los datos. Por ende, dependemos increíblemente de ellos (así como de las plataformas digitales donde éstos se crean, consultan, comparten, analizan y mucho más), con la complejidad de que no han parado de crecer. Interactuamos con datos prácticamente para todo, y al mismo tiempo nuestros datos están por doquier. Para ejemplificarlo, la infografía más actual de Domo (2024), muestra una breve imagen de cómo se mueve este mundo digital: indica, entre otros datos, que hay 229 millones de minutos de reuniones virtuales grabadas en Microsoft Teams, Siri responde más de 1 millón de preguntas, los usuarios de Tiktok suben 16,000 videos, se hacen 852 reservas por AirBnB, le damos play a 138.9 millones de reels en Facebook e Instagram, y 288 personas descargan la aplicación de Zoom, todo esto tan sólo en el lapso de 60 segundos.
Si comparamos un par de ejemplos del aumento de los datos partiendo del ejercicio de Domo de 2019 versus el de 2024 resulta que hemos pasado de mandar 188 millones de emails por minuto a mandar 251.1 millones, y mientras en el mundo digitalmente boyante de 2019 (debido a la llegada de la pandemia) se hacían 4.4 millones de búsquedas en Google a cada minuto, el año pasado la cifra alcanzó los 5.9 millones.
En nuestro contexto actual, proteger todos estos datos es un asunto prioritario, tanto a nivel personal como desde un punto de vista empresarial. El tema es complicado, porque hay que encontrar el equilibrio adecuado entre cuidar de que dichos datos libren amenazas de diversa índole y, a la vez, garantizar un acceso fácil a ellos para mantener el ritmo del que hablábamos en un inicio.
Una buena noticia en este sentido es que la conciencia sobre la importancia de la protección de datos también va en aumento, sobre todo a partir de nuevas legislaciones, como la Ley de Resiliencia Operativa Digital (DORA) y NIS2 que, si bien surgen en Europa, impactan a nivel global, fundamentalmente a organizaciones con operaciones globales o relaciones comerciales con entidades europeas, pues su aplicabilidad se expande a la cadena de suministro (proveedores), socios comerciales y otros terceros.
Estas normativas representan un incentivo necesario para que las empresas con las que interactuamos como clientes, a las cuales compartimos nuestros datos y con las que hacemos negocio, se tomen la protección de datos más en serio, y sean capaces de garantizar que cumplen con un estándar mínimo de protección.
De hecho, las organizaciones deben ir más allá, y considerar que el cumplimiento de estas legislaciones no son el punto final, sino más bien el punto de partida. Es preciso que no sólo se queden en la superficie de cumplir los requisitos mínimos, sino que analicen a fondo el valor estratégico de sus datos, para determinar qué medidas adicionales necesitan tener para protegerlos.
Una cuestión de enfoques alrededor de los costos
Un mensaje importante para las empresas que ignoran la importancia de la protección de datos: si se ocupan del tema hasta que algo sale mal, llámese una filtración de datos o un ciberataque, lo cierto es que ya sería demasiado tarde para ellas; con el daño ya hecho, los costos de la recuperación, tanto financiera como reputacional, pueden ser enormes.
Ciertamente, proteger adecuadamente los datos también acarrea costos, y esto requiere un equilibrio maestro. Ahora bien, aunque para los negocios puede ser tentador adoptar un enfoque general de “protejamos todo, sin importar los costos”, esto probablemente no sea lo más viable por el excesivo precio que supone; en su lugar, lo más recomendable es clasificar los datos determinando su criticidad y, por ende, su nivel de protección, priorizando así sus inversiones siempre de acuerdo con su presupuesto.
Es crucial que las empresas comprendan que proteger sus datos es una inversión no sólo en su seguridad, sino también en su tranquilidad, como para las personas es invertir en un seguro para su automóvil o para sus gastos médicos. El mejor enfoque es verlo así, en lugar de querer actuar cuando ya no hay más remedio.

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